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8 de jun 2019
El Síndrome de Tourette es una enfermedad que se genera por una alteración de ciertas áreas del cerebro y un desajuste a nivel de neurotransmisores, sustancias químicas que permiten a las neuronas comunicarse entre sí. Esto hace que el sistema nervioso no inhiba la realización de movimientos y sonidos involuntarios y repetitivos. Se manifiesta con tics que, generalmente, consisten en muecas como cerrar un ojo, doblar el cuello, mover la boca o hacer ruidos.

En la mayoría de los casos se hace presente durante la infancia, en etapa escolar y entre los 5 y 8 años. En sus inicios, se declara con tics motores, que pueden presentarse en el cuello, en la cara y en la cabeza. Posteriormente, entre los 8 y 12 años, aumentan no sólo en frecuencia, sino que también en intensidad, siendo más notorios. En muchas personas, esta patología se reduce casi totalmente a los 18 años, pero hay muchas personas que siguen viviendo con ella durante toda su vida.

La Dra. Paula Saffie, neuróloga de Clínica Universidad de los Andes, explica que “muchas veces los síntomas pueden pasar desapercibidos, por presentarse como una tos o carraspeo repetitivo. Los tics pueden ser vocales o motores. Los motores pueden afectar cualquier parte del cuerpo, pero lo más común es en la cara, como muecas faciales. También se pueden presentar como movimientos más complejos”.

Parpadear, saltar, patear, encoger los hombros y emitir sonidos son algunas señales de este síndrome. “Estos tics pueden mejorar o empeorar con el paso del tiempo. Aún no se ha identificado el origen de esta enfermedad, pero se ha visto que con el estrés o la tensión estos movimientos pueden aumentar, y que disminuyen cuando la persona está relajada o tiene un alto nivel de concentración”, agrega la especialista.

No existen exámenes que permitan confirmar el Síndrome de Tourette, sin embargo, hay criterios clínicos que permiten llegar al diagnóstico, como haber tenido tics motores o verbales durante más de un año y la presencia de antecedentes familiares.

“Frecuentemente se asocia a otras enfermedades como síndrome de déficit atencional o trastorno obsesivo compulsivo. Es importante enfatizar que la inteligencia y las capacidades cognitivas no se ven afectadas y que quienes padecen esta patología tienen la misma expectativa de vida que cualquier persona”, cuenta la doctora.

Con respecto al tratamiento, algunos medicamentos ayudan a controlar los tics, pero tienen efectos secundarios, como sedación. La mayoría de los pacientes mejora considerablemente con el paso del tiempo. De todas maneras, es fundamental acudir a un especialista para llevar a cabo el tratamiento más adecuado.

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